La evaluación del aprendizaje es un proceso que permite emitir juicios de valor acerca del grado cuantitativo y cualitativo de lo aprendido, y representa la evaluación de sólo unos cuantos de los muchos atributos evaluables que se rigen por principios, procedimientos, métodos, técnicas, estrategias y normas para obtener habilidad intelectual, información verbal, estrategias cognitivas, destrezas motoras, actitudes, etc. Es importante señalar que en este sentido, en la educación, la ideología de la competencia académica está siendo desplazada por la competencia operativa, sin embargo, se debe establecer una mejor articulación entre los objetos de estudio (conocimiento teórico) y los objetos socio-profesionales (praxis del conocimiento).
La medición del aprendizaje es compleja y relativa, entre otras razones, porque el aprendizaje no tiene nunca un valor cero (por poco que se sepa, algo se sabe), el cual representa el punto de partida para cualquier medición. Además, es difícil tener un patrón valido de comparación. Con frecuencia se usa como patrón el número de preguntas de las pruebas y, con base en él, se efectúa su medición, dejando por fuera competencias que marcan el desempeño de capacidades, habilidades, destrezas, actitudes, etc., y en ocasiones hasta el mismo desarrollo cognitivo.