Tuve la fortuna de hacer un curso de oración personal (católico), en el cual al finalizar nos entregaron una carta personal que Dios nos mandaba a todos. En la carta, Dios estaba contento de que fuera una persona agradecida y me hacia una petición especial, guiar a sus hijos, ayudarlo a “formar hombres de bien”. A los años dirigí un grupo de jóvenes en el cual me sentía como en un salón de clases y siempre trataba de mantener el interés de los jóvenes con dinámicas e impartiendo temas de interés, en ocasiones buscaba personas especializadas (sacerdotes, doctores, psicólogos, etc.), me gane su confianza y aun tengo buena relación con ellos. Al terminar este periodo, de 3 años, pensé que ya había cumplido con Dios pero no fue así, pues aún sigo colaborando con su misión. Meses después trabajé en un laboratorio de investigación agrícola donde asesoraba a jóvenes de universidad, me decían “si explica tan bien, ¿Por qué no es maestra?” a lo que les respondía que el trabajo de maestro implica más que “explicar bien”, además el director general del laboratorio, mi jefe inmediato, también me sugería que probara la docencia (claro que en mis ratos libres, para no perder un buen elemento), y me fue quedando el gusanito de la duda.
Años después se me ocurrió llevar mi curriculum vitae a una preparatoria donde me dieron la oportunidad de ingresar a la docencia, ya tengo un año impartiendo la asignatura de química y cada vez que entro al aula me imagino que es como el “grupo de jóvenes” donde comienzo saludando y preguntando algo que me lleve a un dialogo para favorecer la confianza a la participación, aterrizando en los temas que vimos en la clase anterior, si alguien comenta “no recuerdo” o “no entendí” hago un breve resumen, resolviendo problemas si es necesario, e inmediatamente después entro con el tema nuevo, explicando y pidiendo la participación de los alumnos. En ocasiones dejo ejercicios de tarea o investigaciones, y para motivar primero abro un dialogo diciendo “encontré esto….en tal página de internet” así facilito la participación del estudiante, se observa la responsabilidad, el respeto, la habilidad y capacidad, factores importantes que buscamos desarrollar en los jóvenes para llegar a una formación básica que le permita un desempeño eficaz en su vida social y profesional, ser mejor ser humano, y como decía en la carta “guiar, para formar hombres de bien”.
Cada clase es diferente, pero siempre trato de captar la atención y el interés del estudiante para poder trasmitir lo correspondiente al tema del día. Creo que la docencia es una experiencia muy importante pues marca el rumbo de la vida tanto personal como profesional. En mi familia también hay profesores y no creo que la vocación de la docencia sea herencia, pues vocación es aquello que nos nace del corazón, es un deseo de hacer algo que nos proporciona una gran satisfacción, y si algo nos proporciona gran satisfacción ¿Por qué no hacerlo todos los días?. Lo que hacemos todos los días es lo que marca el estilo de vida.